Cuando la naturaleza ruge, nosotros los seres humanos, perdemos.
Cuando la naturaleza ruge, nosotros quedamos en evidencia.
Queda al desnudo, lo que no hicimos cuando había tiempo.
Nos quedamos sin tiempo para arreglar las cosas.
Nos quedamos sin tiempo para despedirnos, nos quedamos sin tiempo para perdonar, para abrazar, para decir: «cuánto te quiero».
Nos quedamos sin tiempo para todo lo realmente importante y ahí nos damos cuenta de cuánto tiempo perdimos en tonterías.
Cuando la naturaleza ruge, queda en evidencia lo que está mal hecho.
Queda en evidencia lo que los gobiernos, no hacen por su pueblo.
Queda en evidencia que la seguridad nunca había sido una prioridad.
Cuando la tierra tiembla o en el caso de Valencia, la dana del 2024, cuando el agua reclama su lugar, todos nos asustamos, pero solo los que sienten el llamado de la empatía y de la bondad, corren a ayudar, corren a sacar barro y escombros, con las manos, con las palas, con toda la fuerza y el amor desinteresado del que son capaces.
Hoy Venezuela, huérfana de un estado que los ayude, lucha por sacar a los suyos de los escombros, peleando contra las horas que pasan implacables apagando los últimos suspiros de sus seres queridos.
Hoy Venezuela no está sola. Millones de personas nos volcamos con ellos.
No importan las banderas, la política, todo eso que nos desune, hoy el pueblo venezolano, tal como sucedió en Valencia, nos da el ejemplo de lo mejor del ser humano.
Descansen en paz estas miles de almas, sabiendo que aquí, fueron buscados, fueron amados, serán recordados.

